Sí­ndrome de Sobre-entrenamiento: Segunda Parte

Sí­ndrome de Sobre-entrenamiento: Segunda Parte

sobreentramiento

Segunda Parte: Un llamado a la destrucción del cuerpo y del alma

Por Hector Abouid

 En la sección anterior, hablamos sobre el sí­ndrome de sobre entrenamiento y cómo este sí­ndrome no solo afecta el aspecto fí­sico de nuestros jóvenes sino que también el sicológico y emocional. Esto es en parte porque cuando nos exponemos a una carga fí­sica excesiva, se pone bajo mucho estrés   nuestro sistema nervioso central y este -a diferencia de los otros sistemas del cuerpo humano- requiere de más tiempo para recuperarse -en alguno de los casos dí­as o semanas enteras para recuperarse. En esta sección, entraremos más en detalles sobre la quí­mica de este sí­ndrome de manera concisa pero precisa. Hablaremos sobre la hormona del estrés llamada cortisol, y cómo un exceso de esta hormona en nuestro torrente sanguí­neo nos pone en riesgo.

Un estado de sobre entrenamiento continuo resulta en un estrés excesivo de los mismos sistemas utilizados durante el ejercicio: el neurológico y endocrinológico. El cerebro manda señales a través del sistema nervioso central a todo el cuerpo para que los músculos cumplan una función sencilla como levantar peso en una serie de press de pecho. En esta acción, las miles de microfibras musculares sufren una ruptura y hemorragias pequeñas ocurren en los músculos. El sistema endocrinológico se encarga de segregar las hormonas que ayudan en la reparación de estas rupturas y la regeneración de los músculos. Es decir, durante el ejercicio, el sistema nervioso simpático -el que está encargado de nuestro instinto de “lucha o huida” que resulta de nuestro pasado evolucionario que se disparaba ante la amenaza de ser perseguido por depredadores voraces- es activado. En respuesta al entrenamiento, nuestro ritmo cardí­aco se eleva, nuestra presión sanguí­nea también -a través de la adrenalina liberada por las glándulas adrenales-, y las fibras musculares se disparan de una manera más poderosa para completar la acción deseada. Adicionalmente, varios sistemas en descanso (tal y como el tracto digestivo) son puestos en puestos en pausa para dar prioridad a las necesidades del fenómeno “lucha o huida”. Metabólicamente hablando, el hipotálamo, la glándula pituitaria, y las glándulas suprarrenales o adrenales, segregan hormonas[1] durante y luego de la actividad fí­sica intensa para facilitar el desempeño del corazón y los músculos esqueléticos. También ayudan a moderar el estrés inflamatorio involucrado durante y después del esfuerzo fí­sico. Es aquí­ donde entran en juego la cortisol. La cortisol es la principal hormona de estrés. Esta incrementa los niveles de azúcar (glucosa) en la sangre, realza el uso de glucosa en el cerebro e incrementa la disponibilidad de las substancias que reparan todo tipo de tejidos. La cortisol también altera el sistema inmunológico -explicando el por qué de la constante predisposición a las enfermedades como la gripe, así­ como las lesiones constantes que tardan en sanar; suprime el sistema digestivo y reproductivo; también afecta el proceso de crecimiento. Este sistema de alarma natural tan complejo también se comunica con las regiones del cerebro que controlan el estado de ánimo, la motivación, y el miedo[2]. Sin embargo, una vez que el cuerpo percibe que una amenaza ya pasó, las hormonas regresan a sus niveles normales. Esto permite que todos los sistemas anteriormente mencionados regresen a sus actividades normales. Cuando los factores de estrés son persistentes y uno suele sentirse constantemente bajo ataque o amenaza, este instinto de “lucha o huida” se mantiene activo: he aquí­ donde la cortisol puede convertirse en un factor de riesgo.

La activación de largo plazo de este sistema de respuesta al estrés -y la subsecuente sobreexposición a la cortisol y otras hormonas de estrés- pueden interrumpir casi todos los procesos del cuerpo. Esto expone a los jóvenes a un riesgoso número de problemas de salud incluyendo:

  • La ansiedad
  • Depresión
  • Problemas digestivos (gastritis, sí­ndrome de colon irritable)
  • Enfermedad del corazón
  • Problemas para dormir
  • Aumento de peso
  • Discapacidad de concentrarse y en la memoria

La verdad del asunto es que el estrés inducido por la actividad fí­sica mas la carga emocional que deben lidiar nuestros jóvenes es algo alarmantemente riesgoso. Estudios demuestran que el estrés crónico y niveles elevados de cortisol incrementan el riesgo de depresión, enfermedades mentales, y bajan las expectativas de vida -especialmente en adolescentes (Bergland, 2013).

Es por esto que nuestros jóvenes deben ser concientizados sobre la importancia de un balance en la relación entre la actividad fí­sica y el descanso apropiado. Si lo que quieren los jóvenes es poseer un buen fí­sico, tener fortaleza, y verse bien, deben saber mantener un balance adecuado y saludable del ejercicio que pueden hacer. Lo recomendable es que se apeguen a un solo tipo de actividad fí­sica al dí­a: si son partes del equipo de fútbol y entrenan dos horas al dí­as después de escuela, es contraproducente y hasta cierto punto riesgoso también que asistan a un gimnasio después para terminar el dí­a demacrando el sistema nervioso. Es preferible que los dí­as que hagan pesas, no practiquen futbol, y vice-versa. Pero lo más importante de todo esto es la combinación de una buena dieta -balanceada- y el dormir bien. Ellos, estando en esta etapa de crecimiento, deben dormir bien sus 7 a 8 horas al dí­a ya que durante ese periodo, el cuerpo a través del sistema nervioso parasimpático, se encarga de la producción y el restablecimiento de la energí­a corporal. Es en ese momento cuando el proceso de crecimiento se dispara, y todos los tejidos dañados a causa de la actividad fí­sica y el entrenamiento son regenerados y reconstruidos. Bajo el estado del sueño profundo, la glándula pituitaria segrega la hormona del crecimiento humano. Y de la misma manera, el cuerpo utiliza todos los beneficios que recibe de la comida para este proceso arduo.

Para finalizar, quisiera simplemente hacer hincapié en lo anteriormente mencionado: nuestros jóvenes deben aprender a tener un balance hasta de las cosas que a ellos les gusta realizar, y de las cosas que hasta cierto punto aparentan ser -y lo son de la manera correcta- saludables. Esto es porque dichas cosas, como el deporte, cuando llevadas al extremo, pueden ser contraproducentes y conllevan a situaciones riesgosas e indeseables. Esto les ayudará también en un futuro a saber a conocer las capacidades y los limitantes de sus cuerpos, sabiendo que no son indestructibles y que cosas como el estrés producto de nuestra sociedad moderna, pueden elevar los niveles de cortisol exponiéndolos ante muchos males indeseados. Lo ideal es mantener ese balance: una cantidad e intensidad prudente de ejercicio, junto con una dieta bien balanceada, junto con un sueño placentero que ayude a recargar baterí­as, conllevará al éxito en cualquier aspecto del futuro de sus vidas.

Bibliografí­a

Bergland, C. (22 de 2013 de January). Cortisol: Why the “Stress Hormone” is Public Enemy No. 1. (K. Perina, Ed.) Recuperado el 12 de November de 2014, de Psychology Today:  http://www.psychologytoday.com/blog/the-athletes-way/201301/cortisol-why-the-stress-hormone-is-public-enemy-no-1

Mayo Clinic Staff (11 de July de 2013). Chronic Stress Puts Your Health at Risk, . (R. W. Harms, Ed.) Recuperado el 2014 de November de 2014, de Mayo Clinic:  http://www.mayoclinic.org/healthy-living/stress-management/in-depth/stress/art-20046037

Read, A. (s.f.). Overtraining Can Kill You: The 3 Stages of Overtraining, Part 1. (B. Borawski, Ed.) Recuperado el 12 de November de 2014, de Breaking Muscle:  http://breakingmuscle.com/strength-conditioning/overtraining-can-kill-you-the-3-stages-of-overtraining-part-1

Uhan, J. (10 de September de 2013). IRunFar.com. (B. Powell, Ed.) Recuperado el 12 de Noviembre de 2014, de Columns:  http://www.irunfar.com/2013/09/overtraining-syndrome-part-one.html


[1] La testosterona en los hombres, y la progesterona y el estrógeno en las mujeres, son las hormonas que segrega el cuerpo para el desarrollo, la reconstrucción o regeneración muscular.

[2] Aquí­ se arraigan los problemas emocionales del sobreentrenamiento.